Cómo educar hijos libres

Esta es una duda que me asalta como madre y por el valor que, como tal, doy a la educación. Mientras cambiaba el pañal a mi hijo pequeño pensé: “¿Este pequeño es libre como lo soy yo? ¿He de tener en cuenta esa libertad? ¿Cómo debo enfrentarme a ella? ¿Cómo puedo educarle para ser auténticamente libre?” Y como no conseguí resolver mi duda me dije : “Voy a escribir a Fernando Alberca, ya que un experto en temas de educación de los hijos como él podrá responder a mis preguntas”. Y aquí están las respuestas que tan amablemente me concedió.

alberca

1. ¿Qué es la libertad?

La libertad es un don que nos permite ser felices eligiendo lo que nos hace mayor bien en cada momento particular y en el equilibrio de nuestra vida. No es una cuestión solo externa, esta dimensión, siendo importante, es la menos valiosa de la libertad. Y es que la libertad tiene una dimensión interior que la hace inviolable y la libera de toda imposición externa. Al fin y al cabo, la libertad reside esencialmente en lo más profundo del ser humano y no es vulnerable, no puede perderse, sino se entrega voluntariamente.

2. ¿Un niño de 3 años es libre?

El ser humano es libre e inteligente desde que es concebido. En el útero materno el niño toma algunas decisiones y une emociones voluntariamente. A los tres años aproximadamente lo que sucede es que el niño da un salto madurativo que le permite ser consciente de un mayor poder. Experimenta que puede lograr lo que quiere con más frecuencia, que puede negarse a hacer algo, echar pulsos con sus padres, vengarse mediante pataletas de lo que no le gusta, chantajear a quienes le quieren imponer algo. Empieza a los 3 años un periodo, que irá hasta los 7 normalmente, en el que se ensaya la adolescencia de los 12 a los 19 años, edad en la que volverá a sentir otro salto en su madurez. Si de 3 a 7 años el niño se sale con la suya, a los 12 tendrá una adolescencia más conflictiva porque repetirá lo que le dio poder, tendiendo a la tiranía: porque le falta experiencia y madurez, para no serlo.

3. ¿Qué implicaciones tiene, educativamente hablando?

Todas. La libertad es uno de los mayores misterios de la vida del ser humano y de la educación por extensión. Si no la tuviéramos en cuenta, la educación sería manipulación y adiestramiento. Lo importante no es que alguien, un hijo, haga algo bien, sino que actúe él con libertad, autónomamente y acierte. La madurez y la felicidad exigen la implicación de nuestra libertad. Educar personas y facilitarles la felicidad es apreciar su libertad y su inteligencia, su capacidad de amar y sentirse amados. Y contar con ellas.

4. Los padres ¿Cómo podemos enseñarles a ser libres?

Asegurando su alta autoestima, su seguridad, su confianza, dándoles normas claras y firmes, corregirles una vez después de haberles alabado cinco veces al menos, preguntarles su opinión, escucharles cómo se expresen y sobre lo que cuenten, exigiéndoles, valorándoles, transmitiéndoles una suma más positiva que negativa en el concepto que se tiene de ellos, enfrentándoles a las consecuencias de sus decisiones -a cualquier edad, adaptándole el modo de tener que enfrentarse a ellas-, enseñándoles a querer a otros desinteresadamente, dejándoles que elijan y que luego se responsabilicen de lo elegido, sin dramatismo ni huidas, trasmitiéndoles nuestro orgullo de padres cada vez que eligió y eligió con orgullo y valentía también las consecuencias de sus elecciones, demostrándoles que cuando se equivocan no pasa nada, salvo su responsabilidad y una nueva ocasión de aprender, madurar y quedar bien por su grandeza ante el error: los verdaderamente libres son los que afrontan sus decisiones y aprenden de ellas y mejoran en cada ejercicio de su maravillosa libertad.

 

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Rocío

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